Y, una vez mas, señores...
Si esto es crecer, me declaro Peter Pan.
Dejaré que los polvos mágicos me lleven al país del Nunca Jamás.
La rima no era intencionada.
No me juzguen por mis vicios,
pues ustedes son adictos al dinero y a las prisas.
A obedecer órdenes que váyanse a saber quién les impone.
¿Así calman ustedes sus almas vacías?
Aquellas que alguna vez no supieron conservar.
Me prometieron que siguiendo ése rumbo de vida sería feliz,
mas desde que os obedezco no siento nada mas que cómo mi vida se esfuma de mis manos
y va a parar a sus estropeados bolsillos vacíos.
Anhelantes de ganas. De razones. Y sobretodo de aquello con lo que las pueden comprar.
Déjenme decirles, ahora que aún me conservo a mí y a mi persona,
ahora que todavía no me he perdido como ustedes,
que no intenten llenárselos con las mías,
pues jamás podrán encerrarme donde mi grandeza no cabe.
Salgo y grito, me muevo y actúo, y, aunque no literalmente,
emprendo de nuevo mi vuelo y mi rumbo. Aquel que me lleva a ninguna parte,
pero por el camino que yo elijo llegar.
Por donde no hay mejores ni peores, ni envidia, ni codicia, ni normas, ni etiquetas. Ni mucho menos pautas.
Sólo yo y aquellos que me sigan.
A pesar de ello debo mantener los pies en la tierra, pues recuerden que,
como ustedes, no tengo alas.
La diferéncia es que yo sí estoy dispuesta a aceptarlo y a admirar en vez de encerrar a aquellos
que sí las tienen. No por cortárselas a ellos voy a volar yo. Déjenlos volar. Déjenlos abrir las alas.
Sin embargo ustedes me miran por encima del hombro todavía.
¿Quién está por encima de quién? No soy nadie para saberlo.
Lo único que sé, señores, y con ésto me despido,
es que el cielo yo lo huelo mas cerca.
Espero que se les de muy bien fingir que son muy felices.
Y, cómo no, que consigan creérselo.
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Myriam Redondo Ors
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